día extrañísimo

me crucé con dos hombres que hacía tiempo no veía
me resulta raro llamarlos hombres sólo por cómo suena la palabra
uno hace como si no me ve
el otro me saluda como queriendo dejar atrás un paso burocrático
alguna vez les acaricié la piel desnuda
uno
el segundo
me escuchó el llanto
escucho cosas inquietantes de la boca de un dramaturgo mientras filmo por trabajo
saco apurada el cuaderno y la lapicera mientras hago ruido de mochila llena y dos señoras me miran de reojo
escribo lo que dijo
sigo filmando
encuentro un amigo que me arrastra a la feria del libro
me encuentra un libro que quiere ser leído aunque no haya luz en el colectivo
duermo
duermo de más
me bajo cuatro paradas después de la mía y medio dormida camino
el recorrido es la cosa más extraña del día
dos mormones me saludan muy amables y con acento extranjero
una señora con ojos ciegos y una franja blanca en el crecimiento del pelo negro va del brazo de un hombre con rostro común
también me saluda muy amable
yo entre sueño y cosa extraña no respondo y me cierro la campera
un perro corre como recta final de maratón a una moto ruidosa
un colorado andando en bici
en la puerta del campo de deportes una fila de autos
les paso por al lado
adentro
separadas de la oscuridad por la luz de los teléfonos
flotan sus caras de padres esperando a hijos
escribiendo mensajes ansiosos
dónde estás
estoy afuera
ok
ok
ya llegando a casa en la parada donde debería haberme bajado
un colectivo que pudo ser el que me hubiese traído
tengo miedo de que se baje otra yo que se demoró comprando el libro y no se quedó dormida contra la ventanilla
nadie baja
el colectivo acelera
a dos metros de mi puerta un bonito palo
lo levanto y lo dejo como tesoro al lado del teclado

aunque en el colchón la ropa limpia se pierda entre la sucia
adentro se me acomodan las intenciones como un chorro de agua poderoso que finalmente alguna válvula misteriosa dejó fluir

las cosas se suceden con la naturalidad del saludo amable de un mormón