ensayo un pensar fuera del cuaderno. el papel tiene algo de ceremonioso y después de un tiempo sin teclado extraño eso de la velocidad del tipeo que arrastra al pensamiento como un río crecido. persiste la impresión de que algunas intenciones pre-sur se desvanecen, sensación muy generalizada que abarca de todo. por ejemplo el sentido de numerar capítulos y titularlos, ¿para qué era? los motivos con el tiempo pierden fuerza. el tiempo también se distorsiona. cada vez hay menos antes y el después se mantiene como una posibilidad. a veces ni eso. entonces es un gran hoy y a lo sumo un antes de que se haga de noche. porque acá la noche se siente más noche, y el sol más sol, y las ventanas son más grandes y las calles más vacías y la memoria queda más lejos pero las personas más cerca. hace mucho que no se me enfriaba un té, porque hasta un té se lleva toda mi atención. y ayer un caminar en círculos, un mirar de nuevo las montañas, una cara en la calle que deja de ser un desconocido, una voz que escucho como un abrazo atrás de otro, un cansancio de introducirme, describir el antes, informar un posible después, intentar transmitir un ahora que es irreproducible como toda simultaneidad. pensar mucho y sobre todo en la imagen buscada, que es lo que me gustaría esté allá, un lugar al que quisiera volver pero al que todavía no llego, pero en donde eso me espera. ganas de ordenarme, de quietud, de envejecer unos días, de terminar un librolibro, de cocinar para uno, como mucho para dos, de que se me enfríe el té mientras vacío los soportes externos de la memoria. una bifurcación permanente de las situaciones que se dividen siempre de la única forma en que se divide el devenir de las cosas: irme o quedarme.
intento sentarme poco en la computadora porque cada vez que lo hago el tiempo se me cae del reloj y entonces me pasé la tarde o la mañana sentada cuando afuera hay mucho mundo. se me acumula el papel se me acumulan ideas y dejo que se acumulen si total...
la que desacumula soy yo.
paz de montaña. soledad de montaña y árbol
agarrar la lapicera con apuro, empujando el trazo con la fuerza de un impulso. y que al bajar la mano a la hoja, durante el tiempo que dura ese descenso, olvidar por completo lo que deseaba escribir. entonces escribir eso. si el olvido es sincero, absoluto, el efecto es irreversible. si vuelve o se manifiesta en forma de recuerdo, no ha sido un olvido. lo que se dice un olvido no es sino ausencia de memoria. pienso esto y al mismo tiempo escucho que abren y cierran una puerta y me imagino la foto de la habitación en la que estoy, vista desde afuera, la puerta semiabierta y la luz blanca fundiéndose en los grises que hasta hace un instante eran oscuridad. después la puerta abriéndose y detrás alguien mitad asomándose mitad retrocediendo y sus ojos recorriendo la horizontalidad del dormitorio hasta llegar a mis ojos para bajar a las manos y por eso no poder seguir escribiendo
por cada siete experiencias sensoriales que no verbalizamos, hay otras setenta sucediendo bajo la piel que no comprendemos
posible título para el segundo capítulo los días del silencio o la maravillosa vida de los insectos
volver al silencio como se vuelve al recuerdo de la madre. fundirse con la imagen mental hasta que la mesa el mate la ventana el gato pierdan su categoría de cosa conocida y se vuelvan materia sin significado. volver al silencio como el regreso imposible hacia la inocencia
La verdad última es desconocer el final. Si aceptándola, inevitablemente, toda acción pierde sentido, ¿qué hacer entonces con la existencia?
Algunos pensamientos post caminata insomne, pre mudanza

No hay sentido en volver. Lo que alguna vez estuvo ahí, ya no.
El continuo movimiento de lo vivo. De todo lo que ya no es, ¿qué queda? Nos fragmentamos en cada experiencia. ¿De qué me agarro? ¿Me agarro?
(¿Por qué a veces me formulo las preguntas en plural?)
Y si es que queda algo, ¿cómo lo describo? Una imagen, ¿en movimiento o detenida? ¿Se mide? De toda una experiencia, ¿qué conservo? ¿La mitad el %40 el cien el cero?
Lo que ya no es, doblemente inexistente porque tampoco podrá ser. Sobre la irrepetibilidad de las cosas.
El tiempo inexorablemente continúa. Fluye. Al menos la clase de tiempo objetivo, el confiable. El tiempo de los amaneceres y de las costumbres diarias de los insectos.
Que ése tiempo nos ignore, es un alivio.-
El apego es sufrimiento.
¿Qué es el privilegio? El sufrimiento es en verdad la incapacidad de estar satisfecho.
Observar, atestiguar y comprender las cosas tal y como son.
El ahora es un estado de continua impermanencia. La novedad es la primera distracción. y la última.
Poderosísima, ¿habrá un momento en la vida en que desaparezca ella y el deseo por ella?
o la fantasía de un reencuentro futuro.
idílico. o no. posible. o no.
pero inexistente.
ay, pero la pulcritud de las fantasías.
peor aún, el más imposible de los reencuentros, el que ya ocurrió.
todas sus recreaciones lo vuelven la más perfecta imperfecta posibilidad.