se aburren los vasos sucios en el escritorio, testigos del vicio y de la leyenda del tiempo perdido. no me desespero. la sensación de que mi cerebro leuda como el pan de madrugada. escribo cartas mentales como el herzog de bellow. nota mental: recuperar ese libro. ensayo la desposesión de mis pocas, aunque no por eso menos inútiles pertenencias. cuento las monedas después de hacer la suma mental un café y la entrada al cine. me alcanza. felicidad. ¿dónde estuve? hoy me sorprendí de mí en una vidriera cualquiera, con la ropa de ayer el pobre maquillaje y corrido. la sensación de estar más cerca de mí que nunca. a lo mejor eso más sola que nunca. la sensación de que toda historia se origina en la soledad y ese esfuerzo sobrehumano por trascender lo imposible: la piel. por último, creer como si estuviese apostando mis últimas fichas al negro, que es un error encaminar la película desde un personaje. el cine se construye desde los espacios, porque escribir una película es un poco empezar a habitarla.