agarrar la lapicera con apuro, empujando el trazo con la fuerza de un impulso. y que al bajar la mano a la hoja, durante el tiempo que dura ese descenso, olvidar por completo lo que deseaba escribir. entonces escribir eso. si el olvido es sincero, absoluto, el efecto es irreversible. si vuelve o se manifiesta en forma de recuerdo, no ha sido un olvido. lo que se dice un olvido no es sino ausencia de memoria. pienso esto y al mismo tiempo escucho que abren y cierran una puerta y me imagino la foto de la habitación en la que estoy, vista desde afuera, la puerta semiabierta y la luz blanca fundiéndose en los grises que hasta hace un instante eran oscuridad. después la puerta abriéndose y detrás alguien mitad asomándose mitad retrocediendo y sus ojos recorriendo la horizontalidad del dormitorio hasta llegar a mis ojos para bajar a las manos y por eso no poder seguir escribiendo
por cada siete experiencias sensoriales que no verbalizamos, hay otras setenta sucediendo bajo la piel que no comprendemos
posible título para el segundo capítulo los días del silencio o la maravillosa vida de los insectos
volver al silencio como se vuelve al recuerdo de la madre. fundirse con la imagen mental hasta que la mesa el mate la ventana el gato pierdan su categoría de cosa conocida y se vuelvan materia sin significado. volver al silencio como el regreso imposible hacia la inocencia
La verdad última es desconocer el final. Si aceptándola, inevitablemente, toda acción pierde sentido, ¿qué hacer entonces con la existencia?
Algunos pensamientos post caminata insomne, pre mudanza

No hay sentido en volver. Lo que alguna vez estuvo ahí, ya no.
El continuo movimiento de lo vivo. De todo lo que ya no es, ¿qué queda? Nos fragmentamos en cada experiencia. ¿De qué me agarro? ¿Me agarro?
(¿Por qué a veces me formulo las preguntas en plural?)
Y si es que queda algo, ¿cómo lo describo? Una imagen, ¿en movimiento o detenida? ¿Se mide? De toda una experiencia, ¿qué conservo? ¿La mitad el %40 el cien el cero?
Lo que ya no es, doblemente inexistente porque tampoco podrá ser. Sobre la irrepetibilidad de las cosas.
El tiempo inexorablemente continúa. Fluye. Al menos la clase de tiempo objetivo, el confiable. El tiempo de los amaneceres y de las costumbres diarias de los insectos.
Que ése tiempo nos ignore, es un alivio.-
El apego es sufrimiento.
¿Qué es el privilegio? El sufrimiento es en verdad la incapacidad de estar satisfecho.
Observar, atestiguar y comprender las cosas tal y como son.
El ahora es un estado de continua impermanencia. La novedad es la primera distracción. y la última.
Poderosísima, ¿habrá un momento en la vida en que desaparezca ella y el deseo por ella?
o la fantasía de un reencuentro futuro.
idílico. o no. posible. o no.
pero inexistente.
ay, pero la pulcritud de las fantasías.
peor aún, el más imposible de los reencuentros, el que ya ocurrió.
todas sus recreaciones lo vuelven la más perfecta imperfecta posibilidad.
se repite la sensación de que otro me pierde, cuando fui yo la que me pierdo de otro. para colmo, la repetición invoca forma fantasmal. la certeza. la constancia. lo invariable. la sentencia a la nada inminente. ser consciente de los patrones de ésta sensación la hace alto tan precario, primitivo, como el pichón de una nueva especie.
Permito excesos de emociones, sentimientos bruscos, complicado describirlos.
Una convulsión violenta surgida del estómago, que asciende como sustancia hirviendo. La mente es la tapa de una olla a presión de la que éstos impulsos no escapan al aire. Me quedan en la sangre, inflan durezas en mi cuello. No me dejan ni disfrutar el mate.
Los observo en detalle, porque ignorarlos no está funcionando. Lo que quiero es soltarlos. No los niego. Su origen, al parecer, es una reacción de lo más común. Deseo dejarlos ir en el momento en que se presentan.
Intento una solución mundana: borro el rastro de éste yo violento en forma de mensajes de texto, de mails, de palabras enviadas. Me confío a la memoria, tan delicada y exquisita que no permite la convivencia con nada que la altere.
Pero lo pienso y lo pienso, ¿qué hay adentro de uno para que germinen ésta clase de emociones?